filosofafrivola:

lalalalia:

Ayer leí una noticia repugnante: un inversor, Pavel Curda, acosó a una emprendedora, Gesche Waiyi, a la que había conocido en un evento para startups (un encuentro donde personas con proyectos, mentores e inversores se juntan para conocerse y hacer contactos y negocios). “Me gustas. No me iré de Berlín sin tener sexo contigo. ¿Trato hecho?”, escribió él por email. La noticia añadía que no era la primera mujer a la que enviaba el mismo mensaje, incluía su excusa (“estaba borracho”) y un enlace a otra noticia en la que él afirma estar dispuesto a disculparse “con un gran ramo de flores”.

La de la tecnología es una industria joven en la que, nos contaron, triunfarían los valores de meritocracia, participación e inclusión, en la que las reglas de juego eran nuevas y los errores de la vieja economía no se iban a repetir. Pero resulta que no es así. Esta semana he publicado un reportaje sobre la brecha digital, social y urbana que provoca (con el ejemplo de Londres) y hace ya once meses me dediqué a entender por qué hay muchas menos mujeres (en concreto, mujeres fundadoras de startups) que trabajan, tienen roles importantes o son famosas en ella.

El resultado quedó en este enlace, pero también (y mucho) en mi cabeza. Cuando David me propuso escribir el tema, toda mi reacción fue “¿Que por qué hay pocas mujeres al frente de startups? Pues porque sí”. Él insistió en que había más, en que rascara, y después de leer libros, artículos e informes y, sobre todo, entrevistar a cinco personas (cuatro de ellas mujeres), comencé a ver respuestas y a cuestionarme aspectos a los que nunca había hecho ni caso. El “síndrome de las gafas violetas” es el término con el que el feminismo describe el momento en el que alguien empieza a “ver” lo que hasta entonces era invisible. Y no, no es ninguna locura: yo hace once meses ni me planteaba por qué al hacer reportajes sobre negocios o tecnología todos las fuentes o protagonistas eran hombres. Ahora sé, y aún me queda tanto por aprender, que detrás hay razones estructurales. Terminé aquel artículo con lo que me dijo Guernica Facundo, experta en empresa y género, cuando le agradecí su tiempo y valiosas explicaciones. “Hay una generación de mujeres que habéis vivido en igualdad de acceso a oportunidades, a las que os da mucha rabia que digan que sois una parte de la población que no está tratada igual. Yo tengo 38 años, pero lo veo en mis hermanas de 21 y 22. Ellas me dicen ‘es que siempre estás con el mismo rollo’. Lo viven como que ‘a mí nadie me tiene que regalar nada, no me tienen que dar más importancia por ser chica’. Y yo les digo que sí, que eso es cierto. Pero lo que tenéis que ver es que hay oportunidades que no estáis pudiendo aprovechar no por el hecho de ser chicas, sino porque hay toda una serie de prácticas y estructuras detrás que funcionan como una máquina”.

Ahora volvamos a ayer. La noticia de la emprendedora acosada por el inversor coincidía con a) una denuncia por violación múltiple (cinco chicos a una chica que salía de trabajar en la feria de Málaga) archivada b) los tuits de una periodista contando dos casos de machismo de esa misma mañana: un chico proponiéndole un café en la biblioteca y un señor llamándola ‘preciosidá’ por la calle. Las tres – emprendedora en evento de networking, trabajadora de Málaga, periodista en la biblioteca - vivieron una situación machista. Yo no he hablado con ningúna así que no escribiré sobre ellas, pero sí he vivido otras historias y reflexionado suficiente sobre el tema para, con “gafas puestas”, explicarlo desde mi punto de vista.

*

Nunca he tenido miedo a ir por la calle o volver a casa sola. Jamás. Crecí en una ciudad dormitorio extremadamente segura y lo último que se me pasa por la cabeza cuando salgo es que alguien vaya a robarme y mucho menos a violarme. Tampoco cuando he vivido en el centro de Madrid o ahora, en Londres. En Amberes (Bélgica) vi el peligro una noche que pegaron y atracaron a un amigo en mi portal. Salía, por cierto, de casa de mi vecina: ella tenía claro que a esas horas no quería volver sola así que él la acompañó.

Yo no me siento vulnerable ni insegura en un espacio público, pero hay otros momentos en los que, vaya, sí. Como periodista, como trabajadora autónoma o como simple persona sociable, suelo quedar con gente “del sector” con la que tengo algo que ver. A veces no pasa nada, otras veces nacen ideas o fuentes para artículos e incluso alguna vez consigo clientes (¡dinero!) para los que escribir. También he hecho buenas amistades. No sé si es por el sector en el que me muevo o por qué, pero el caso es que esta gente son, casi siempre, hombres.

Hace varios meses, en una de estas, el tipo con el que había quedado me acompañó al portal de mi casa, me agarró por la espalda e intentó entrar. Le mandé al carajo, me subí a dormir y al día siguiente, indignada, se lo conté a mis compañeras de piso. “Chicas, ¡yo sólo quedo por tomar algo y charlar! ¡Con alguien con quien tengo algo en común y de donde pueden salir historias, trabajo o amistad! ¿Por qué interpreta que quiero ALGO?” Y entonces me dijeron: “Analía, ten cuidado, porque si quedas y además tomas copas ellos lo interpretarán de otra manera”. Así empecé a percibir que, a ojos de muchos hombres, yo era primero una chica y luego ya, si eso, una persona que se relaciona con su entorno profesional o simplemente es sociable. Al mismo tiempo, muchas amigas en sectores masculinizados (arquitectas, ingenieras, banqueras) me han contado cómo son casi invisibles: son “las chicas” y en las reuniones los clientes miran al hombre antes que a ellas. Es lo que le pasó a Gesche Waiyi: en un evento de negocios, ella es invisible como emprendedora pero visible como tía a la que proponerle sexo. El inversor vio una mujer a la que tirarse, y luego ya, si eso, a una persona con un proyecto empresarial tan válido (o no válido) como el de los hombres que había allí. ¿Sabe alguien de jóvenes emprendedores acosados por inversoras? Yo tampoco.

*

Este post no nació ayer. Hace tres semanas tuve una reunión en mi oficina. Ahora trabajo en una empresa en la que hacemos tests de usuario – viene gente que usa nuestra app y vemos cómo se relacionan con ella y qué podemos mejorar – así que invité a un conocido a pasar, tomar café, hacer un pequeño test, hablar sobre proyectos y, ya que estábamos, ver cómo su empresa y la mía podían colaborar. Al cabo de dos días volvió a escribirme preguntando qué tal estaba. Respondí que muy liada y en un intento de ¿ser majo? me dijo algo así como que me pusiera una capa de superhéroe o “una toalla” y saliera a por todas. No sé si es la mejor manera de ligar (a mí no me lo parece), pero no nos desviemos, que la narrativa no es “chico lo intenta con chica y no se le da bien”.

Yo no respondí. Tres horas después, volvió a escribir.

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(Unos días después, vino a la oficina a reunirse con mi jefe y me trajo bombones y una carta de disculpa).

No me siento vulnerable cuando vuelvo sola a casa, pero la experiencia ha hecho que cada vez que tengo una entrevista o reunión con un hombre encienda mi radar de “cuidado: podría pensar que quieres algo”. Y es un rollo. ¿Qué te hace pensar que es así? ¿Por qué no me ves como una igual? ¿Por qué soy primero una chica y luego ya, si eso, todo lo demás?

Dice Elena que muchos hombres tienen una empresa, Follar SL, y que todos sus movimientos son como inversiones con un único interés (follarte) que predomina sobre cualquiera que tú puedas tener. Es lo que tratamos de explicar cuando dicen que la trabajadora de Málaga “consintió” que la acosaran entre cinco, cuando comentan que el inversor sólo quería ligar y que si la emprendedora lo cuenta en la prensa “quiere llamar la atención” o cuando se empeñan en que proponer un café mientras estudias o llamarte preciosidad mientras paseas por la calle es “educación”. En todos los casos hay una posición de poder de un hombre que asume su derecho a acosarte, a escribirte emails para tener sexo o a incordiarte en la biblioteca y en la calle. Y no, tú no has dado vía libre. Si tuvieras interés no lo denunciarías, ni lo contarías en prensa ni te quejarías en Twitter. Tampoco yo contaría aquí que un tío me pidió un selfie si hubiera querido algo con él.

Si piensas que soy una borde, una exagerada o que voy de víctima, no has entendido nada pero puedes leer más: esta conversación explica por qué proponer un café puede ser molesto, la noticia sobre el inversor acosador analiza qué pasa en la industria tecnológica que es tan desigual y la web Me han violado describe la cultura de la violación. Algo más: Pikara es una revista escrita con perspectiva feminista y con la que puedes aprender un montón.

Que no te engañen: el feminismo no es malo. El feminismo es preguntarse por qué la sociedad es como es, buscar respuestas y hacer visible lo invisible. Si crees en la igualdad, no te queda otra que creer también en ello.

En las fotos, Naiara, Bea y Elena, con quienes hablo mucho de estos temas y me saco selfies cuando me apetece.

Besos,

Lía

Una de las cosas que más ilusión me hace en el mundo es ver a una ex-“posfeminista”, como yo lo fui, rehabilitada. Yo también usaba el discurso de “No quiero que nadie me regale nada en la vida por ser mujer”, pero a lo largo de esa vida de mujer los hostiones patriarcales son tan tochos que te tienes que replantear todo tu marco. Me ha encantado el texto y me he sentido 100% identificada.

(via complejodewendy)

princessmab:

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Yeah, I know your pain.

princessmab:

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Yeah, I know your pain.

(via chaneladdict)

killingbambi:

 

my ovaries

(Source: ihuntkillers)

Please follow my newest tumblog Mag+Art

The page was featured in various international sites. Here are some of the articles about Mag+Art.

http://www.huffingtonpost.fr/2014/08/11/photo-unes-magazine-mag-art_n_5668193.html

http://www.cosmopolitan.fr/,quand-l-art-et-les-people-se-reunissent-dans-des-oeuvres,1903458.asp

http://www.tgcom24.mediaset.it/magazine/2014/notizia/angelina-jolie-finisce-dentro-un-botticelli-se-l-arte-incontra-le-icone-pop-moderne_2062176.shtml

http://www.lastampa.it/2014/08/14/multimedia/spettacoli/cos-ti-reinvento-la-copertina-le-che-star-finiscono-nellarte-D8ufLsSqZ7muUJwSqL279I/pagina.html

https://estilo.catracalivre.com.br/2014/08/designer-mistura-capas-de-revistas-com-obras-de-arte-classicas/#

(Source: eisenbernard, via curiosidadesesteticas)

"The reality is that fat people are often supported in hating their bodies, in starving themselves, in engaging in unsafe exercise, and in seeking out weight loss by any means necessary. A thin person who does these things is considered mentally ill. A fat person who does these things is redeemed by them. This is why our culture has no concept of a fat person who also has an eating disorder. If you’re fat, it’s not an eating disorder — it’s a lifestyle change."

Lesley Kinzel (via mustangblood)

(Source: rawwomen, via misandryad)

thebluelip-blondie:

ras-al-ghul-is-dead:

A silent protest in Love Park, downtown Philadelphia orchestrated by performance artists protesting the murder of Michael Brown in Ferguson. The onslaught of passerby’s  wanting to take photos with the statue exemplifies the disconnect in American society.  Simply frame out the dead body, and it doesn’t exist.  

Here are some observations by one of the artists involved in the event:

I don’t know who any of these folks are.

They were tourists I presume.

But I heard most of what everything they said. A few lines in particular stood out. There’s one guy not featured in the photos. His friends were trying to get him to join the picture but he couldn’t take his eyes off the body.

"Something about this doesn’t feel right. I’m going to sit this one out, guys." "Com’on man… he’s already dead."

(Laughs.)

There were a billion little quips I heard today. Some broke my heart. Some restored my faith in humanity. There was an older white couple who wanted to take a picture under the statue.

The older gentleman: “Why do they have to always have to shove their politics down our throats.” Older woman: “They’re black kids, honey. They don’t have anything better to do.”

One woman even stepped over the body to get her picture. But as luck would have it the wind blew the caution tape and it got tangle around her foot. She had to stop and take the tape off. She still took her photo.

There was a guy who yelled at us… “We need more dead like them. Yay for the white man!”

"One young guy just cried and then gave me a hug and said ‘thank you. It’s nice to know SOMEBODY sees me.’

I’m just gonna keep reblogging this because this is truly how white America works. Like people have their weddings on plantations, Blackface was and still is a major source of entertainment and the biggest movie of all time was Gone With the Wind. White America will kill Black people and then smile and laugh and enjoy their day it sickens me that we’re treated this way.

(via misandryad)

(Source: swooshart, via curiosidadesesteticas)

lityousei:

Hail Hydra

In tears

(via denverbroncoz)

(Source: thesoftghetto, via stillhidden)

"On Periods: Let’s put this shit to bed right now: Women don’t lose their minds when they have period-related irritability. It doesn’t lower their ability to reason; it lowers their patience and, hence, tolerance for bullshit. If an issue comes up a lot during “that time of the month,” that doesn’t mean she only cares about it once a month; it means she’s bothered by it all the time and lacks the capacity, once a month, to shove it down and bury it beneath six gulps of willful silence."

Shakesville: Feminism 101 (via andotherdoublemeanings)

BOOM

(via lagertha-lodbrok)

THIS

(via quixoticlyqueer)

And when we have our periods our ‘male’ hormone (testosterone) is actually at its highest level…soooooo…

(via a-ghra-geal)

^ not actually true, testosterone peaks when you ovulate (x).  you don’t need testosterone to not tolerate bullshit, either.  passivity is socialized in women, not a result of biology.

(via lacigreen)

(via lacigreen)